“Se demandan prendas nuevas cuando ya existe lo que estamos buscando”

La cita con Miriam Cano tuvo lugar una mañana de domingo, justo antes de que se despidiera de España por un mes. Esta emprendedora, andaluza de nacimiento pero ciudadana del mundo de adopción, ha lanzado Fashion ChangeMakers, un proyecto que busca empoderar la ropa de segunda mano. ¿Su lema? “No hay nada más sostenible que no producir”.

P: ¿Cuándo surge tu interés por el mundo de la moda?

R: La verdad es que me pilló bastante mayor. Mi familia realmente no era de fijarse en las marcas, ni tampoco al consumismo de estar comprando siempre cosas nuevas. Siempre hemos sido muy reutilizar, de valorar lo que tenemos y si hace falta comprar algo, pero nada muy consumista.

Cuando me mudé a Madrid a estudiar caí en un piso con otras cuatro chicas. Claro, ahí alguna ya era muy de moda. Ahí entran en mi vida las revistas de moda, que yo no había visto en mi vida, y ahí fui entrando en contacto con el mundo de la moda en sí. Mi recuerdo es ese: cuatro chicas, muchas revistas y muchos capítulos de Sexo en Nueva York.

P: ¿Crees que existe un excesivo consumismo en el mundo de la moda?

R: Sin duda, y para mí es uno de los grandes retos que hay que afrontar ahora mismo. Cada sector tiene que ir arreglando una parte del mundo de la moda, y más allá de los nuevos materiales, de cómo se cultiva, etc., lo que hay que frenar es el consumo.

El consumo es muy difícil de atajar sin cavar un poco más profundo, porque detrás de él hay una insatisfacción de la gente: se usa el consumo como respuesta a otras cosas, es una satisfacción por un tiempo muy limitado y luego vuelves a consumir.

Se trata de algo muy complejo, y por más que estemos dando pasos es un proceso largo. A mí misma me siguen afectando esta cantidad de mensajes y de estímulos que nos llegan por todos lados. Para mí, lo fundamental ahora mismo es dar un plan B: Ya que vamos a consumir, ya que la gente no está preparada para dejar de hacerlo o para cambiar sus patrones de consumo, vamos a ofrecerles un producto que pueda satisfacer su necesidad de consumo, pero ayudando un poco al planeta, ayudando a poder salir de esta situación en la que estamos.

P: Cuéntanos, ¿en qué consiste exactamente tu proyecto, Fashion ChangeMakers?

R: Se trata de volver a poner en circulación prendas que han quedado en el olvido o a las que la gente ya no le da valor mientras las buscan en otro lado.

La gente está demandando prendas nuevas y no se da cuenta de que a su alrededor ya tienen lo que están buscando. Nosotros cogemos esas prendas y las volvemos a poner en circulación con unos códigos visuales acordes a lo que la gente está pidiendo. Hay veces que esa ropa está ahí, pero tú te metes en una tienda de segunda mano y te aturdes, no ves nada y te vas pensando que todo es espantoso. Nosotros estamos haciendo una labor de curaduría, digámoslo así, y estamos rescatando prendas que verdaderamente merecen la pena para mostrárselas al consumidor.

P: Uno de los lemas de Fashion ChangeMakers es “no produzcas, reutiliza”. ¿Qué hizo clic dentro de ti para perseguir este propósito?

R: La moda sostenible es un mundo muy amplio. Al principio, realmente no sabes por dónde entrar y para mí fue algo que me dijo “esto es, esto encaja: si lo más sostenibles no producir, no produzcas”. No produzcamos. Hay tantas cosas de verdad maravillosas y olvidadas… y yo es que soy especialista en eso, veo tesoros donde la gente de desechos. Tengo un poco ese espíritu, esa visión.

El cómo me llegó el clic es bastante más complejo. Y más largo. Realmente yo estudié Publicidad y Comunicación Audiovisual. En un momento dado, tuve un problema de salud que me hizo plantearme absolutamente todo. Pensé: “si sigo por el camino que voy, no lo cuento”. Se produjo un cambio muy grande en mí, en mi forma de ser, en cómo concibo el mundo. Aprendí valorar lo que la vida me va trayendo sin racionalizarlo mucho y a mí la vida me dijo que fuera para el camino contrario. Y yo que soy muy de planear, de objetivos me dije: “pues nada ahora voy a ir a lo hippie”.

Un día en un viaje me probé un jersey que a priori era muy bonito, pero no me quedaba nada bien, me enfadé y dije, así medio en broma, que yo debería diseñar jerséis. Y ahí hice “clic” y me dije “pues sí, diseña”. Ahí empezó mi camino en la moda, sin haberlo pensado mucho y sin haber estudiado nada. A ver, llevaba tiempo vinculada al mundo de las marcas, en los últimos años me dediqué a ayudar a marcas de moda en los rodajes y en las ideas de proyectos, pero nunca me había parado a pensar en que yo me iba a poner a diseñar.

fcm

P: ¿Y así nació Fashion ChangeMakers?

R: Empecé con un proyecto que no era al 100% como es este. Comencé con lo que te he contado antes: iba a producir jerséis súper sostenibles, producidos por mujeres en riesgo de exclusión social, etc., todo muy bonito.  Pero cuando realmente me di cuenta de que lo más sostenible era no producir, modifiqué un poco todo el proyecto. Me dije: esto lo podría hacer, pero qué bonito sería usar la materia prima que ya existe, no es explotando más recursos sino utilizando lo que ahí está.

Me di cuenta de que hay cosas maravillosas con los jerséis en mente, porque era lo que a priori iba a diseña. Me di cuenta de que hay prendas de lana, de cachemir, que están abandonadas en tiendas de segunda mano y a muy buen precio. Son cosas hechas en Italia con una calidad que si la buscas en nuevo en una tienda a lo mejor cuesta más de 200 €. Es más, en las tiendas veo jerséis de ese precio que no son de tan buena calidad. Me pregunté: ¿cómo es posible que la gente nos esté dando cuenta? Así quise empezar la marca, utilizando lo que ya había. Encuentro algunas cosas que son maravillosas y las dejo tal cual. Con otras que verdaderamente no tienen un diseño moderno, o que están en peor estado, estoy creando una segunda línea para rediseñarlas y volverlas a poner en circulación, tal y como la gente lo está demandando.

P: ¿Qué criterios seguís para seleccionar las prendas y complementos?

R: Nuestro principal criterio es la calidad. Esa materia prima, esos materiales que se usaban antes, que ya no se usan y que sabes que te va a durar. Si un jersey que tiene casi veinte años lo estás viendo y está bien, eso quiere decir que es bueno.

Queremos dar seguridad. Eso de gastar el dinero en una tienda y no saber cómo va a salir… ¿estoy pagando calidad o marca? A mí me daba mucha inseguridad como consumidora cuando empecé a querer cambiar un poco mi consumo hacia algo más consciente.

Buscamos sobre todo calidad, con mucho género atemporal y unisex. Jerséis oversize, prendas básicas, … Yo misma desde que empecé con esto no paro de vestir con los jerséis que me da mi padre, y nadie me va a poder decir que visto de una manera masculina. Ahí está la imaginación y la creatividad de la gente: por ejemplo, una chaqueta oversize con unos pendientes y un cinturón la puedes hacer más “femenina”: se trata de dar una vuelta de tuerca.

P: ¿Cómo crees que ayuda tu proyecto al cambio de mentalidad que busca el slow fashion? ¿A dejar de pensar que la moda sostenible está totalmente fuera de las tendencias?

R: El pensamiento de que la moda sostenible es anti-tendencia es algo a lo que yo me he enfrentado como consumidora, y me sigue pasando. La moda sostenible ha mejorado mucho, pero todavía hay muchas cosas que, a mí, que me gusta la moda esa que sale en las revistas, no me llama. Hay gente de todo tipo y tiene que haber ropa de todo tipo, pero yo el público objetivo al que me quiero dirigir es el que no compra una marca a priori estereotipo de moda sostenible, el que siente que lo que están demandando no puede encontrar ahí. Obviamente, me tengo que ir a sus códigos estéticos, a la moda y las tendencias que ellos están demandando.

Se trata de dar opciones. Hay que ser consciente de que tienes que llegarle al comprador de forma acorde a sus principios. Tienes que permitirle comprar siguiendo sus decisiones, porque si no se va a frustrar. Es necesario abarcar tres pilares: La concienciación, la educación y el poder proveer o satisfacer esa necesidad.

P: Siguen existiendo muchos prejuicios con la ropa de segunda mano y la reutilización. ¿Cuál crees que es el camino para acabar con esos prejuicios?

R: Bueno, yo misma tengo esos prejuicios. Cuando me siento delante de alguien y le digo que voy a coger ropa de segunda mano y le voy a dar un rediseño super moderno, me escucho a mí misma y sé lo que pensaría de mí. Porque es como “otra vez me vas a contar lo mismo, y no va a quedar bien”. Piensas que se va a haber cutre, no sé. Yo mismo tengo mogollón de prejuicios con lo que suelto por la boca.

Creo en la potencia de las imágenes. Ya no se trata de explicar, sino de decirte “mira”. Una imagen vale más que mil palabras, porque por más que yo te pueda contar lo que hago hasta que no lo veas y digas “wow”, hasta que no lo tengas delante, no lo vas a creer. Con una imagen, ahí es cuando la gente empieza a escuchar.

La verdad es que tenemos la suerte de que la moda de tendencia actual juega bastante a nuestro favor. Hay muchos diseñadores trabajando esta estética, mucho collage en la ropa, volúmenes grandes e influencias de los 80 y de los 90. A nivel tendencias es un buen momento para lanzar esta colección. Porque si estás en contra de las tendencias, por más bonito que sea tu proyecto, no va a funcionar.

P: ¿Cómo crees que las marcas pequeñas pueden competir con las grandes marcas en campos como la distribución si quieren ser sostenibles?

R: Es difícil. Ahí me voy otra vez a concienciación: hay que explicarle al consumidor que lo que no pague él, lo va a pagar otra persona o lo va a pagar el planeta. Las cosas tienen un coste, y cuando no pagamos algo no lo valoramos. Así, en todos los aspectos de la vida. Y si no estás pagando por algo, no estás valorando lo que hay detrás. Hay que ser consciente de que con cada envío hay un coste. Obviamente, si cobras los envíos no los vas a cobrar carísimos, si no que vamos a ceder un poquito cada uno: yo como empresa asumo parte del coste del envío y tú como consumidor asumes otra.

Otra cosa son las devoluciones. Yo entiendo que a todos nos pasa, no sabes cómo va a ser algo hasta que no te llega a casa. Pero si no cuesta nada devolver una prenda, la gente lo hace de manera abusiva. En nuestra tienda, en nuestra web, siempre va a haber una guía de lo que mide cada prenda. Si tú no te has tomado el momento para medir si te vale, no me puedes exigir a mí que te haga la devolución gratuita. Este trabajo con el consumidor es algo que frena el consumo: si yo tengo que cambiarte el chip ya no va a ser una compra impulsiva, cómo hacen las grandes marcas. Pero es lo que tiene el slow fashion, que hay que ir poco a poco.

P: ¿Cuál es el camino que esperas que siga Fashion ChangeMakers?

R: Hemos querido empezar con la línea vintage de segunda mano y, de cara a verano, para que en la próxima temporada otoño -invierno esté disponible, empezar con este rediseño. Quiero crear prendas totalmente nuevas, diferentes, a partir de prendas de segunda mano, con un diseño que verdaderamente merezca la pena y que sea mucho más de diseñador y no tan de básicos como pueda ser la línea vintage.

P: ¿Crees que entrar por el ojo, sobre todo a través de Internet, es una de las asignaturas pendientes de la moda sostenible?

R: Como decíamos antes hay que cambiar las cosas, pero también entrar por el ojo. Darle a la gente lo que demanda y cambiar las cosas desde dentro del sistema. Hay que adecuarse a los códigos que la gente está usando.

Ahora se está comprando mucho por Instagram, por la web. Hay que adecuarse a las mismas reglas del juego que está usando la gente y una buena web es fundamental. Porque te da tranquilidad, credibilidad y te equipara con las marcas con las que tienes que competir. No puedes pedirle tanto a la gente, no puedes pedirles que cambien sus patrones de consumo de un día para otro. Son cosas muy difíciles y hay que ir a poquitos. Se trata de dar pasos pequeños y cambiar el sistema desde dentro para que el cambio sea real.

 

 

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